Evangelio del Día
26 de Octubre de 2025
"El publicano bajó a su casa justificado, y el fariseo no."
¡Buenos días, queridos hermanos en Cristo!
¿Con qué máscara nos presentamos hoy ante Dios? El Evangelio de este Domingo XXX del Tiempo Ordinario nos sitúa frente a dos espejos: el fariseo y el publicano. Jesús nos narra una parábola que sacude los cimientos de nuestra piedad, mostrándonos que es posible estar en el Templo y, sin embargo, estar lejos de Dios. Nos revela que la verdadera oración no es un informe de nuestros méritos, sino un grito de auxilio desde nuestra miseria.
¿Estamos orando para ser admirados por nuestra virtud, o para ser sanados por la misericordia de Dios?
📖 Evangelio según San Lucas 18, 9-14
En aquel tiempo, Jesús dijo esta parábola por algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás: «Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo y el otro, publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: “¡Oh Dios!, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo”. El publicano, en cambio, manteniéndose a distancia, no se atrevía ni a alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: “¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador”. Os digo que este bajó a su casa justificado, y aquel no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».
📅 Información Litúrgica
- Tiempo: Ordinario – Semana 27
- Color: Verde (esperanza y crecimiento espiritual)
⛪ Celebraciones
- Santo del día: San José Gregorio Hernández, médico venezolano, conocido como «el médico de los pobres». Su vida es un ejemplo de cómo la más alta ciencia y el mayor servicio se unen a una profunda piedad y humildad, buscando siempre el último lugar
- Conexión mariana: La oración de María en el Magníficat («Porque ha mirado la humildad de su sierva…») es el eco perfecto de este Evangelio. Ella es el modelo de quien se reconoce pequeña y es enaltecida por Dios.
💭 Reflexión: [La Humildad: La Puerta de Entrada a la Gracia
La Trampa de la Autosuficiencia Espiritual
El Fariseo representa la trampa de la justicia propia. Su oración es un soliloquio, no un diálogo con Dios. Él se compara con los demás y enaltece su cumplimiento de la Ley (ayuno, diezmo), transformando sus buenas obras en una barrera que lo separa de la gracia. En el fondo, no pide nada porque cree que ya lo tiene todo. Su oración es una negación de la necesidad de Dios y un desprecio sutil hacia el prójimo..
El Clamor del Corazón Contrito
El Publicano (recaudador de impuestos, considerado pecador público y traidor) se para "a distancia" y no se atreve a levantar los ojos. Su lenguaje es el de la humildad sincera: un golpe en el pecho y una única súplica: "Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador." Él no se justifica; simplemente se abandona a la misericordia. Jesús afirma categóricamente que este último fue justificado. La justificación no es un premio por los méritos, sino un don ofrecido a la fe que se reconoce necesitada
El que se Humilla será Enaltecido
La conclusión de Jesús es la clave de todo el Evangelio: la humildad es el principio fundamental del Reino. En el Reino de Dios, la grandeza se mide por la pequeñez y la elevación se logra al reconocer la propia limitación. Ser humilde no es menospreciarse, sino verse a sí mismo con la verdad: reconocer las propias obras buenas como don de Dios y los propios fallos como necesidad de Su gracia. Solo quien se humilla crea el espacio en el corazón para que la misericordia de Dios pueda entrar y transformarlo.

María, Espejo de la Verdadera Humildad
María de Nazaret es el modelo sublime de la humildad que agrada a Dios. No hizo alarde de su inmaculada concepción ni de su Maternidad Divina. Se llamó a sí misma "sierva del Señor" (Lc 1,38). En el Magníficat, su gozo no radica en sus méritos, sino en el poder de Dios que miró su pequeñez para hacer grandes cosas. Su oración es la antítesis de la del Fariseo, una glorificación total del poder de Dios en la debilidad humana. María nos enseña a orar con un corazón humilde: Reconocer la Pequeñez: Ver la propia vida con verdad, sin orgullo, atribuyendo todo don a Dios. El "Fiat" como Sumisión: Aceptar la voluntad de Dios como la sierva, sin exigir ni compararse con otros. Cantar la Misericordia: Hacer de la vida una alabanza constante a las grandes cosas que Dios hace, no lo que yo hago.
🎯 En Tu Vida Personal
Adopta la oración del publicano: Durante el día, especialmente cuando te sientas orgulloso o cuando caigas, repite: «Señor, ten compasión de mí, que soy pecador».
Renuncia al juicio: Haz un esfuerzo consciente por no criticar ni despreciar a nadie, ni siquiera mentalmente. Cuando surja el juicio, cámbialo por una oración por esa persona.
Confiesa tus faltas: Acércate al sacramento de la Reconciliación. No hay acto más grande de humildad que arrodillarse como el publicano y pedir perdon.
🎯 En Tu Familia
Pide perdón primero: Sé tú quien rompe el hielo después de una discusión. Di «lo siento» sin añadir un «pero…».
Celebra los dones de los demás: En lugar de sentir envidia o compararte, da gracias a Dios en voz alta por los talentos y éxitos de tu cónyuge o tus hijos.]
No reces «para que te vean»: Si rezas el Rosario en familia, hazlo con devoción sincera, no como un cumplimiento farisaico para sentirte «mejor» que otras familias.
🎯 En Tu Comunidad
Siéntate atrás: En Misa, imita al publicano. Elige un lugar discreto, no para ser visto, sino para ver a Dios.
Busca al «publicano» de tu parroquia: Identifica a la persona que se siente marginada, juzgada o «pecadora» y acércate a ella con misericordia, sin aires de superioridad.
Sirve en lo oculto: Ofrécete como voluntario para la tarea más humilde y menos visible de tu parroquia (limpiar, ordenar, ayudar en la cocina).
Oración del Día
Señor Jesús,
Tú que conoces mi corazón, líbrame de la soberbia del fariseo, que se disfraza de piedad pero está llena de desprecio. No permitas que mi oración sea un recuento de mis méritos, sino un reconocimiento de mi necesidad. Regálame el corazón contrito y humillado del publicano, que no se atrevía ni a alzar la mirada. Que mi única oración sea «Ten compasión de este pecador». Que, imitando a la Virgen María, la humilde Esclava del Señor, pueda ser enaltecido no por mis obras, sino por tu infinita misericordia. Que hoy vuelva a casa «justificado» por tu amor.
Por Cristo nuestro Señor.
Amén.
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💫 Reflexión Personal
¿Mi oración se parece más a la lista de méritos del fariseo o a la súplica de misericordia del publicano?
💫 Reflexión Personal
¿A quiénes desprecio secretamente en mi corazón, sintiéndome "mejor" que ellos?
💫 Reflexión Personal
¿Al rezar el Magníficat, ¿realmente me identifico con la "humildad" de María, o lo rezo desde la soberbia del fariseo?
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